Un amigo me ha pedido hoy consejo, pero como no me he visto capaz de darle una respuesta ínimamente válida, le he pedido permiso para publicarlo por aquí, a ver que opinan ustedes.
El problema es que mi amigo no tiene corazón. Sí, va cual hombre de hojalata por la vida, siguiendo ese camino de baldosas amarillas que no se sabe muy bien a donde lleva. Aunque él sí lo sabe. Con lo frío y calculador que es ya intuye (me lo ha confesado) que al final del camino hay nada, se encontrará algo que no le terminará de satisfacer, mirará hacia atrás y se arrepentirá de haber dicho que no a tantas cosas pensando en que lo podían apartar del camino.
El verdadero problema, y el motivo de la consulta de mi amigo, es que hoy le han hablado claro. Una de las bifurcaciones en las baldosas amarillas le ha plantado cara y le ha dicho: tio, o tiras por aquí, o tu sabrás, allá tú con tus laberintos y tus zapatos rojos que le robaste a la bruja esa que mataste. Y él no sabe que hacer.
Yo, que soy algo más cabrón que mi amigo, he empezado a decirle que se tire al río, que total, si se equivoca, solo tiene que dar tres taconazos, girar sobre sí mismo, y volver solo (solo, le encanta ir solo a todos sitios) al punto de partida. O recortar, inventado otro camino que pueda ser tan bueno como el primero. Pero él no está de acuerdo, él cree que lo que tiene que hacer es no arriesgarse a abandonar a ese hada buena que le ha abierto la puerta a mitad del trayecto. Cree que se podría perder con él, y que es mejor que ella siga, empiece su camino. El suyo.
Pero le duele. Porque, ¿quién le asegura que no sea ese el sitio por el que tiene que ir?
Hablando y hablando hemos llegado a la misma conclusión que siempre: el tiempo lo dirá. Pero el tiempo no es infinito, y a mi amigo, aunque le queda bastante, le está empezando a dar esa sensación de estar en las últimas bifurcaciones buenas del trayecto. Él cree que si se equivoca ahora otra vez no le será tan fácil como antes volver a su sitio. Y sigue solo.
Mi amigo es fuerte, es un hombre de hojalata, ya lo decía antes. Pero la herrumbre empieza a hacer de las suyas en ese lo-que-sea que tiene por corazón, ese que le hace pensar a veces más en los demás que en sí mismo.
Quizá mi amigo debería ser más egoista, o menos calculador, o menos frío. O más conformista.
¿Ustedes que creen?
Le habló un arkángel buscando un corazón para su amigo.



Guardo un recuerdo de pequeño de una forma muy clara: como se iba viendo, conforme andabas por aquel pasillo tan enorme, ese frigorífico-expositor lleno de frutas de todos los colores traidas de a saber donde. Bueno, vete a saber, no, porque en Hipercor