Parné, mardito parné.
Que asqueroso es el dinero. Por eso estoy deseando de pillar algún montoncillo para fundirlo vilmente, como he hecho este fin de semana. Se aceptan donativos a la causa, por supuesto.
No conocía yo la costa de Almería (imperdonable, ya lo se), así que este finde la rubia y yo nos hemos dado una escapadilla para allá: dos horas de camino (desde Graná) y estás en Carboneras, concretamente en La Casa de Rosa, un hostal a pie de playa regentado por una señora tan agradable que, o es de mentira, o es la leche. Solo la he conocido dos días, pero repetiré seguro, y ya os contaré.
El mar…
Tuvimos la suerte de que nos lloviera el sábado. Sí, la suerte, porque a mi no me gustan los días de playa, y así pudimos dedicarnos a dar paseicos, cazar arcoiris, aprender a hacer malabarimos… Y conocer al dueño de un bar de moteros Harley Dee’s que pudiera tener alguna relación con Abierto hasta el amanecer.
De hecho, al día siguiente con todo el calor (ya sí), repetimos el sitio: barbacoa rockera-blusera (con los Bluesfalos –web-), algunas decenas de guiris (unos con pinta de vikingos y otros que parecían el de los cuchillos de Tarantino). En fin, que me lo pasé como los indios en un ambiente totalmente nuevo para mí.
Y motos, claro. Casi todo Harleys, yo me encontraba allí como Barbie en el pais de los pitufos cipotudos. Pero al final de la película salimos corriendo, buscamos un huequecillo de sombra, y allí nos refugiamos hasta que tuvimos que volver.
Como decía, repetiré.
Le habló un arkángel emblusado.

Ya, 

