Creanme si le digo que no soy un tipo violento. Con algún pronto a veces, vale, pero no violento.
Ahora, que si esta mañana me hubiera bajado de la moto y le hubiera reventado la cara al niñato ese contra el capó de un coche, me hubiera quedado en la gloria. Supongo que tendré que explicarme…
El caso es simple. Un servidor llega al mismo semáforo en rojo de todos los días, se coloca detrás de un amotillo, en el hueco que hay, y espera mientras se cuenta las legañas. En ello estaba (esta mañana por ser lunes tenía alguna más que de costumbre) cuando me he dado cuenta de que el muchacho que tenía delante, un yoni con su motillo to tuneá estaba mirando la mía con cierta admiración.
Como pueden suponer, y por mucho que pretendiera negarlo no podría convencerles, eso me ha causado cierta satisfacción, pero tampoco es que me haya regodeado en el asunto, yo estaba con lo mío (lo de las legañas, ya saben). En esto se ha puesto el semáforo en verde y el yoni (rirro, merdellón, malote, como quieran llamarlo) seguía mirando por el retrovisor la moto. Y a mi se me ha ocurrido darle un pequeño pitidito de aviso, más que nada porque llegaba tarde a trabajar.
Para qué habré hecho nada… Le ha sentado como una mala puñalá entre la tercera y la cuarta, pero no peor que el hecho de que yo le haya aguantado la mirada asesina con la que me estaba intentando achantar. Ahí ya se me ha encabritado el machito alfa, y ha empezado a pegarme voces, insultos, amenazas; en fin, lo típico. Y me ha tocado los huevos, sinceramente. En este momento es cuando me habría parado con gusto a medirnos un poco (que por cierto, yo soy un tirillas, pero con este podía), y ha sido cuando he vuelto en mí y he seguido, dejandolo atrás.
El verdadero problema de todo esto es que esta mañana este chaveilla iba solo, y se ha tenido que quedar en palabras, pero cualquier otro día (o mejor dicho, otra hora) eso termina, como desgraciadamente lo hace tan a menudo, en la de Puerto Urraco. Por un pitido, ¿se imaginan el titular?:
Joven herido de gravedad por arma blanca durante una discusión de tráfico.
Que esto pasa, oigan, que no es la primera vez… En fin, ustedes me dirán «pues haberte callado, arkángel, que te pones mu machito para lo acojonao que eres». Y probablemente lleven razón. De hecho, prácticamente es lo que he hecho, pero me toca los cojones, si me permiten la expresión, que las calles tengan dueño, que estos puedan hacer lo que les de la gana, y que ni siquiera se lo puedas recriminar no ya con una voz, sino con una mirada. Pues no. Y si un día me meto en líos por algo de esto, sepan que no es por quedar por encima de ellos, sino porque con esa rueda ya no comulgo.
Quizá no debería estar publicando esto porque ¿se imagina si por un simple pitido la que me ha organizado lo que me podría hacer si llegara a leerlo? Claro que las posibilidades de que ese muchacho sepa leer con cierta soltura como para tragarse un texto como este son mínimas. Correremos el riesgo.
Le habló un arkángel desahogandose por lo menos.



