Me quiero dirigir en esta ocasión a mis lectoras femeninas, que alguna habrá, digo yo.
Os miran. Sí, ya se que lo sabeis, pero no se si sois conscientes de que os miran un montón. Yo no, claro, que estoy apalabrado y está feo.
Bueno, yo también un poco, pero menos que antes. Y ahora a veces, solo a veces, en lugar de miraros los tanguillas cuando vais en moto (¿recordais aquella carta que os escribí el año pasado?) me dedico a mirar a los ojos de otros tíos que van en moto, que esperan en el paso de peatones a vuestro lado o que se cruzan con vosotras por la acera. Y os miran un montón. Se pierden en vosotras.
Da igual que seais altas, bajas, que tengais más o menos bultos por arriba o por abajo: llega Mayo, asomais una mollilla y nos los teneis a todos con los ojos torcíos. Porque miramos (miran, quiero decir) con bastante riesgo para la salud, que cualquier día se hacen un nudo en los nervios ópticos.
En el gimnasio esto ya se lleva a extremos insospechados. Nadie mira a nadie en un gimnasio, esa parece ser la regla no escrita. Pero se mira… Yo no se si no os dais cuenta (que sí que os dais), pero los tíos sí que nos damos (cuenta, joer, cuenta). Porque cuando sorprendes a otro macho babeando mirando el trasero culo de una gachí no hay problema (salvo que sea tu gachí, o el tío seas tú): un resoplido mudo o unos ojos muy abiertos lo dicen todo, y tu callas (y dejas de mirar también). Fijaros si no me creeis en lo aficionados que son algunos a las flexiones de abdominales, ese invento del demonio que posiblemente estaría condenado por la ONU (de no ser los dirigentes también tíos). No tendría explicación lógica de no estar la zona de las abdominales justo delante de la del aerobic, lo de la tableta de chocolate se consigue realmente con inyecciones de silicona.
Pero vosotras también mirais, que me he fijao yo (sin querer, mientras yo observaba a otro, claro). Es la primavera. O las hormonas. O las abejitas.
Otro día hablaré acerca de vestuarios de gimnasio mixtos, gays, y otros temas también muy políticamente correctos.
Le habló un arkángel rompiendo la omertá.