Será porque en verano tenemos algo más de tiempo libre, será que está uno más cansado después de todo el año currando (y van siete sin parar y sin cambiar, no se si es mucho o poco) o será por la alineación de los planetas, pero el caso es que de ésta, me da a mi que cambio de trabajo. Sin prisas, que tampoco es cuestión de dejar a nadie con el culo al aire, pero sin pausas.
Vale, vale, ya se que el seguidor habitual de esta pequeña novela de mentira que os cuento por aquí y que se llama «mi vida» me podrá echar en cara que esto ya lo dije, que iba a montar nosecuantas empresas chachipirulis… El caso es que yo ya lo sabía y me lo advertía, que no tengo espíritu de empresario. Pero creo que ahí no debe acabarse el mundo.
Trabajo como responsable de informática de una PYME (no demasiado P, a veces un poco M, ahí va la cosa) del sector servicios, supongo que me llamarían CIO si esto fuera un poco más grande y todos un poco más gilipollas pijoterillos. Y si no me dedicara de vez en cuando a reparar los aires acondicionados o a hacer de fontanero, si se tercia. Y no está mal. Con el corazón en la mano no puedo decir que tenga Grandes Quejas: noto cierto aprecio hacia mí tanto de compañeros como de jefes, mi opinión se tiene en cuenta (según los momentos, hasta muy en cuenta), mi sueldo es decente (posiblemente superior a la media en mis circunstancias). En definitiva, lo suficiente para que cualquier ego se sienta satisfecho durante un tiempo largo.
¿Siete años es mucho o poco? Depende, claro. Para mi en este momento es lo justo: a la vuelta del verano tengo que cerrar un par de proyectos de cierta trascendencia, dejaría la era limpia, podría salir con la cabeza alta (según mi criterio, claro), y antes de que la situación se llegue a enturbiar demasiado.
Tengo en mente un par de opciones, aunque me quiero quedar en Granada, y se que encontrar algo con unas condiciones económicas similares resultará difícil. Pero mis miras ya están puestas en el sector de desarrollo de software, aunque no como «programador puro», está claro que uno busca amortizar su experiencia (y ya luego vendrán los empresarios a ponerme en mi sitio de piltrafilla, ya habrá tiempo). Consultoras con potencial (y buenrrollo suficiente) en Graná no hay tantas, así que necesitaré suerte. Ya os contaré.
Por qué os cuento esto, por qué lo publico… En realidad la respuesta es simple, no os lo cuento a vosotros, me lo estoy diciendo a mi mismo. Estoy una vez más haciendo público un compromiso personal para, de algún modo, vencer el miedo al cambio. Que no es poco, oiga. Y claro, si sabeis de alguna empresa que tanga ganas de probar con alguien como yo, no os digo ná.
Que cara más dura tengo, ¿pues no estoy buscando trabajo en mi blog? ;-)
Y ahora para terminar vamos a quitarle un poco de hierro al asunto con una foto que les hice el otro día al gato y la rubia, que no tiene nada que ver con todo esto, pero libera mucho estrés.
Venga, vamos al lío.
Le habló un arkángel de aquella manera.