Categoría: Mijitillas de realidad

Mijitillas de realidad

  • CréditosFáciles

    Está la cosa muy mala. Debe estarlo, cuando en los anuncios que he visto esta mañana al despertarme han salido (y repetidamente) 4 empresas de créditos.

    Claro, nos fundimos toda la pasta en coleccionables a primeros de mes y ahora tenemos que recurrir a cr-e-dial, cofidis, crediagil… Y si ya teniamos algún crédito anterior, la hipoteca, el coche, la moto, pues sin problema, Finanfácil te consolida deudas. Que quiere decir que pagas más, y a ellos, pero de menos en menos.

    Que buena gente son todos estos de los créditos fáciles… Joer, ven que hay una necesidad, y ahí están, para echar una mano. Bueno, claro, algo cobrarán, que hay que vivir, y beber. Vamos a echar un vistazo a los intereses de todo esto que he visto en la tele en un rato…

    • Cofidis, Vidalibre: 22.95% T.A.E.. Parece que sin gastos de apertura o cancelación.
    • Credial: 21.92% T.A.E.. Y un DVD si eres de los 1000 primeros (que te lo dan, no es que vengan a tu casa a quitartelo, malpensao). Eso sí, hay algunas comisiones.
    • Con el Crediagil es que tienes que mandarles un par de gotas de sangre antes de que te digan el interés al que trabajarías con ellos. Bueno, quizá no tanto, pero tienes que rellenar un formulario y como que no.

    Ummm… Vaya. Me voy a atrever a generalizar que el interés anual al que te prestan el dinerito es, como decirlo, «pelín alto». O sea, que no es que sean buena gente, es que se forran a costa de la reentrè a los colegios, después del apretón bolsillero de las vacaciones.

    Espero que nunca necesites recurrir a ellos.

    Por cierto que el otro día vi El Mercader de Venecia, y había un usurero que creo que trabajaba a una comisión similar. También aceptaba a cambio trozos de cuerpo, si no se le podía devolver el dinero. No está mal la peli.

    Le habló un arkángel huyendo de estas cosas.

  • Acojonadillo

    Eso de escalar acojona.

    Vaya, o que yo soy un acojonao… El caso es que del rato que he echado hoy en el monte se podría decir: «Una embarazada escala mejor que tú.»

    Y es que de hecho había una pareja justo al lado haciendo unas vías bastante más difíciles que las que estaba intentando atacar yo, él las abría, y ella tiraba detrás con algo más de dificultad… Cuando ha terminado una de ellas le ha dicho el muchacho que no debería esforzarse tanto, y le ha respodido ella que con ese bombo ya no ve ni donde pone los pies, que hace 15 días lo habría hecho mejor.

    No tengo nada en contra de las embarazadas, pero imagino que entenderán que el agravio comparativo me ha dejado el ego pelín jodido.

    Ahora que lo pienso, un poco inconsciente sí que puede ser la muchacha esa. Pero en el momento simplemente me he sentido muy poca cosa.

    Le habló un arkángel que mejorará, poco a poco.

  • Promesas

    Les voy a contar dos historias. Intentaré ser breve.

    La primera de ellas se remonta casi 20 años atrás, cuando yo aún era una persona (si quieren, otro día les explico esto). Vivía en mitad del campo, rodeado de tierras de labranza, hazas, que es como se les suele llamar en esta zona, y precisamente mi abuelo era propietario de, entre otras, en la que me encontraba en aquel momento.

    Un muchacho de los que mi abuela habría definido como uno-de-esos-que-no-se-lavan, un jipi de esos, pasaba por el camino, justo al lado de mi casa, justo por donde estaba yo descubriendo o investigando algo aquel día. Era época de recoger las papas, que se quedaban amontonadas bajo los motones de sus propias matas, refugiadas así del sol mientras esperaban ser transportadas.

    Aquel jipi se acercó un poco a mi casa, miró uno de los montones de papas, dudó, y al rato me dijo: «oye, ¿tú no me llenarías la mochila con papas?». Yo le respondí que sí (mi abuela lo habría hecho, ya no se exactamente a donde lo habría mandado mi abuelo…), cogí su mochila y, tras una incursión a lo 007 entre las papas, volví con su mochila hasta arriba de los tuberculillos. Él, muy agradecido, y supongo que con la comida de un par de días resuelta, no se exactamente por qué me dijo algo así como «gracias chaval, cuando vuelva por aquí te traeré un regalo».

    Para un niño de 7 u 8 años aquello era una verdad incuestionable. Tanto que empecé a imaginarme el microscopio que se me antojaba por aquel tiempo (creo que he sido un poco friki desde pequeño), sin pararme a pensar en que las posibilidades de que alguien que estaba mendigando 3 o 4 kilos de patatas regresara con algo de más valor material que un palo tallado eran, digamos, inexistentes. De hecho, jamás regresó.

    La segunda historia empezó hace unos seis meses. Uno de los niños del patio de mi actual casa se hizo amiguete mio porque les di algo a cambio de no comprarles nada en un puestecillo que habían improvisado. A partir de entonces me saludaba, me preguntaba por la moto, me abría la puerta. En fin, me demostraba desde sus 6 o 7 años que era mi amigo.

    En esas estábamos cuando en una de las «conversaciones» hablamos de juegos de ordenador, de lo que le gustaba y lo que no. Y yo le prometí que le grabaría alguno de coches. Se me olvidó por completo, claro.

    Ayer por la tarde estaba él con unos amigos en el patio mientras yo sacaba la moto, y oí esta conversación:

    – Mira, mira, la moto. – dijo mi amigo de 6 años.
    – Sí, sí. El que decía que te iba a grabar los juegos. ¿Donde están? – le respondió uno más mayorcillo.

    Se me cayó el mundo encima. Y recordé la primera historia. Desde el otro punto de vista, claro.

    Nunca prometas nada a un niño si no lo vas a cumplir…

    Le habló un arkángel buscando los juegos prometidos.

  • MomentosSalseros

    Hay momentos importantes en la vida de un hombre. Cosas de esas como nacer, o hacer laprimeracomunión, ya sabe.

    Bueno, pues yo acabo de tener uno de esos momentos. Quizá algo más prosaico, pero no menos sentimental: acabo de tirar los botes de salsas antiguos del frigorífico.

    Ese tarro con ese culillo de salsa tártara, la vinagreta que aquel día dijiste «no, si la gurado y mañana aprovecho y me hago otra ensalada», aquella salsa picante…

    Y la estrella: el bote de Tabasco®. Este botecito, ¿es que viene de casa con el frigo? ¿Tienes tú también un bote de Tabasco® en casa?

    Le habló un arkángel de limpieza.

  • Septiembre

    Seguro que no soy el único que ha comenzado a ver a la gente de malafollá por las calles, pitando en los coches, saltandose cedaselpaso.

    Esto de por sí ya es un indicador bastante inequívoco de finales de cosas y principios de otras, pero por si no fuera suficiente, ustedes mismos pueden comprobar (y sin salir de casa) que 7 de cada 10 anuncios que echan en la tele al mediodía son de colecciones.

    Pueden ustedes coleccionar desde fascículos de la Guerra Civil Española hasta coches de Scalextrix (diosmío, ¿quedan coches de estos?, ¡todos los años igual!), pasando por figuritas varias que terminarán en el fondo de algún cajón. También, por supuesto, pueden aprender informática desde cero y fácilmente para convertirse en un jacker de esos, o 3DSMax (me imagino las decepciones de los primeros fascículos), o convertirse en los nuevos Spielberg con el curso de Edición de video para principiantes.

    Señores, se va acabando el verano. Es Septiembre.

    Le habló un arkángel que acaba de cogerse su otra mitad de vacaciones.

  • FotografiaDigital

    Ahora que estoy sin cámara me da por hablar de fotos digitales. Que cosas…

    Bueno, a lo que iba, ¿de verdad está tan bien esto de la foto digital? Mi primera respuesta sería sí, es más barata y más cómoda, y tanto para el aficionado como para el profesional aportan ventajas que superan las posibles pérdidas de calidad y/o creatividad.

    Pero… ¿Que pasa con los álbums de fotos? Mi familia, como tantas, ha sido desde que yo tengo memoria aficionada a hacer fotos. En las estanterías del salón de la casa de mi madre debe haber 20 o 30 álbums, un par de ellos de antesde que yo naciera, otros 4 o 5 conmigo de pequeño, unos 10 de viajes, 4 o 5 de fiestas… Lo normal, vaya.

    Y yo, que soy aficionado a la foto digital, ¿cuantos tengo? Ninguno. Y ahora es cuando tocan las justificaciones:

    1. Tienes una cuenta en flickr donde vas poniendo las fotos que más te gustan y un par de álbums digitales por ahí donde cuelgas las cosas más normalitas.

    Esto me vale. De hecho, supera con creces al concepto álbum en papel. Puedes compartir las fotos con quien quieras, incluso sin estar delante, pero también estandolo. Problema: estos servicios tendrán o no continuidad, dependiendo de factores tales como el dinero que te quieras gastar en seguir manteniendolos vivos, o el dinero que ingresen «ellos», en el caso de servicios gratuitos.

    Lo que nos lleva al siguiente punto.

    2. Todas tus fotos están en tu disco duro, e incluso te preocupas alguna vez de hacer una copia de seguridad a CD.

    De mi disco duro no me fío, por principio. Estas cosas se rompen, es un hecho. Tardarán más, o menos, pero he visto tantos discos duros rotos a lo largo de mi vida que no es algo que me cuestione.

    Los cedés… Incluso siendo muy optimista no le doy más de 20 años de vida a un CD guardado en una caja. Muchos menos, por supuesto, a uno que se esté usando. Claro, que te puedes ir preocupando de actualizar el soporte en el que guardas tus recuerdos, según vayan saliendo nuevas tecnologías como el Blu-Ray, HD-DVD o las que toquen. Claro. ¿Decías que tenías copia de todas tus fotos en CD, o que cualquier día de estos la haces?

    Y lo peor, perder un CD o un DVD es bastante más fácil que perder 15 o 20 álbums de fotos. Es cuestión de volumen. Esto empeorará con el tiempo, según se puedan almacenar más datos en menos espacio.

    3. Si bien la fotografía digital permite la impresión (incluso con calidad analógica), ¿cuantas fotos has impreso tú y conservas? Yo, tres.

    Por lo tanto, empiezo a asumir que mis hipotéticos nietos dificilmente encontrarán una foto antigua del año 2005 olvidada entre las páginas de un libro. Quizá encuentren un antiguo cedé rayado o con la capa de aluminio eso medio desconchada, totalmente inservible. Incluso con mucha suerte puede que servicios del tipo WayBackMachine se decidan a almacenar también fotografías a mansalva, cuando el precio del almacenamiento esté por los suelos.

    De las del disco duro no hablamos, claro.

    Así que supongo que habrá que pensar en esto. O no.

    También es verdad que sé de primera mano de gente que se echaba las manos a la cabeza cuando se empezó a revelar en color, gente que sabía que los sistemas de revelado a color eran mucho más degradables que su querido blanco y negro. Con el tiempo las técnicas de revelado se fueron perfeccionando, y supongo que tampoco será para tanto. ¿Pero estamos hablando de lo mismo?

    Le habló un arkángel algo procupado por la memoria.