¿Qué hacer un sábado tarde-noche cuando un ejército de virus y/o bacterias y/o gusarapos se empieza a adueñar de tu cuerpo?
Pues aplicarse el cuento, aprovechar que hay teatro barato (de preeeecio, mentes perversas) en tu ciudad, e irse a ver Hécuba, de Eurípides, en el Centro Cívico del Zaidín (próximamente, república independiente de Graná).
No. No es que me guste el teatro clásico. Todos esos dramones griegos me resultan a priori pelín pastelosos. Pero reconozco que nunca había visto ninguna representación así, y tenía curiosidad.
Ahora viene la parte de «me ha sorprendido gratamente» y todo eso. Pero no. Ha resultado como esperaba: una doña ex-reina de Troya llorando porque se le mueren los hijos y empezando a cavilar un plan de venganza (correctamente ejecutado, por cierto). Ahora ya puedo decir con conocimiento de causa que las tragedias griegas no me gustan demasiado, de de cosas más ligeritas, quizá. O lo mismo es a mis virus a los que no le gustan, pero así han sido las cosas.
No obstante, no me arrepiento de haber ido: no me he aburrido solemnemente como podría haber sido el caso, y tengo una experiencia nueva para que no se me note demasiado la estulticia en alguna conversación de café, que nunca se sabe. Además, así me voy educando un poco, que me tengo muy abandonao. Hay que ir a ver teatro, joer, ¡que tiene mucho mérito! Y si una obra no te llena, pues otra será mejor, que anda que no nos tragamos pelis chungas en el cine al doble de precio.
Como nota curiosa, la media de edad de la sala debía andar, siendo optimista, por los 60 años. Supongo que los precios especiales, y que lo de los viejos el hogar del pensionista ésté relacionado con el Centro Cívico ayuda.
Le habló un arkángel preguntándose como habrá quedao España.



Esta mañana me he despertado con la noticia de que Don Adams, aka Maxwell Smart, aka Agente 86 había muerto. Esto es algo que la gente tiene tendencia a hacer, sobre todo cuando lleva un tiempo viviendo.