Me encanta.
Ya estoy acostumbrado a que la gente nos pregunte cosas a los pringaillos informáticos, como por ejemplo de qué color compran la escobilla del wáter, cómo se usa una llave-perro, o qué cámara digital es «mejor».
Yo en esos casos, después de dar algunas largas (porque siempre habrá algún fallo en lo recomendado, y uno se autoerige en culpable absoluto, por recomendar) suelo decir algo como si yo fuera tu me compraría esta, o la otra.
O sea, que sería mi elección. Incluso, si me apuran, puedo intentar recomendar desde el punto de vista del otro, algo en lo que ya influye mi capacidad o no de ver las necesidades del preguntador.
Hasta aquí más o menos bien. Pero lo mejor de todo es cuando alguien ya tiene una idea preconcebida, y lo que realmente quiere es que le confirmes que su decisión es la correcta. De modo que le recomiendas una, y te dice ¿pero y esta otra, que vale solo un millón de euros más, y te regalan un orinal con usb?. O sea, que al final tienes que recomendar algo que no habías recomendado, pero que es lo que quieren que les recomiendes.
Y claro, si se lo compra y hay algún problema (no dudes de que lo habrá, todo tiene pegas si se le buscan adecuadamente), tú serás el culpable. Por andar recomendando.
Le habló un arkángel que ya recomienda poco.