Mira que no voy yo por la vida de antiamericano (del norte, menos Canadá ;-) ), o al menos no de una forma especialmente vehemente. Pero es que hay cosas que no.
Que estamos imitando poco a poco sus formas de hacer las cosas es un hecho, y bueno, pues supongo que tendrá que ser así, que cuando se imponen será que algo de razón llevan, no voy yo ahora a hacer de redentor de masas… Hasta que llegamos a un punto.
Me explico: he estado esta tarde en Kinepolis (que vale, creo que es belga, pero tiene toda la pinta de lo que tiene)… Centro de ocio, le llaman, o algo así. Yo en realidad he ido al cine, y eso sí, las pantallas, el sonido y los asientos son la leche, las cosas como son. Lo que me ha jodido ha sido al salir, en el centro de ocio… Vas a tomarte una cerveza y tienes que marcar lo que quieres en un papelito, ir al mostrador (que no barra) y pedirlo al más puro estilo McLeches. Pues no, mire usted. Que no me la he pedido, y he salido de allí casi corriendo, vaya.
Van a venir ahora a franquiciar bares a la tierra del bar, ¡coñe! Que no, que no pasarán. Hasta ahí podiamos llegar…
Pero a ver, ¿de verdad quiere la gente eso? Si una de las cosas que vendemos (y la vendemos) cuando salimos fuera son nuestros bares, nuestras tapas, el ambientillo ese tan granaino, malafollá o familiar, como quieras verlo… ¡Anda ya y que se tomen su «doble de cerveza» ellos! De aquí a na nos ponen las copas con una medida, a lo anglosajón, si nos despistamos.
Y para rematar, la única cerveza que tenían era San Miguel. ¡Amos anda!
Le habló un arkángel que todavía bebe tubos, no dobles, y de Alhambra si es posible.

