De vez en cuando te pasan cosas en la vida que te hacen pararte un poco, mirar atrás, reflexionar un poquito… En definitiva, tomar ese tipo de actitudes que probablemente deberían ser más habituales, pero que por motivos de tiempo o de espacio, a saber, lo son menos.
Yo estoy ahora en una de esas, en uno de esos pequeños pliegues que van a marcar de alguna forma una rayita en mi ciclo vital. Ahora mismo ese doblez es acojonantemente perceptible, casi se puede notar en el aire al pasar el dedo por encima. Y, aunque estoy seguro de que con el paso del tiempo se difuminará, no puedo dejar de anotarmelo por aquí. Al fin y al cabo, es mi blog, y nació para esto.
Me permitirán que sea lo sutil que me apetezca en cuanto a lo que me expreso a mí mismo en estas letras, de todas formas no tienen más remedio, así que tampoco tienen por qué seguir leyendo si no les apetece. Seguramente tampoco responda comentarios que considere de una forma altamente subjetiva inoportunos.
Echando la vista atrás veo siete años en los que han cabido de todo: desde apuestas personales en los que uno saca lo mejor de sí mismo hasta asuntos probablemente mucho más negativos que entiendo solamente mirando el conjunto de las cosas. Las empresas pueden convertirle a uno en una máquina fría de calcular resultados, aunque tengo que decir que mi caso todavía no es éste, sabiendo que lo será tarde o temprano.
Pero si me pidieran que resumiera todo en una frase tendría que decir «Gracias». Gracias por haberme ayudado a crecer profesionalmente, sobre todo al principio cuando más cuesta ubicarse, gracias por haberme hecho sentir un bladerunner a lo Pajares y Esteso, por haber mezclado genialmente lo humano y lo divino (aún a pesar de que en último extremo hayamos pagado un precio caro por ese cóctel explosivo). Gracias por haberme asesorado, por haberme dejado asesorarte, por ese año de extrema capacidad creativa del que aún disfrutamos las rentas. Gracias por ser tan puñeteramente inteligente.
A estas alturas el que no sepa de que va esto ya no lo va a saber, advierto…
Entono mi pequeño mea culpa asumiendo que todos podiamos haber hecho algo por cambiar situaciones, pero siempre es más fácil dejar que las cosas fluyan y se vayan posicionando ellas solas… Me lo anoto para el futuro, para no volver a caer en el mismo error, para tener la capacidad de poner las cosas una vez rojas, en lugar de dejar que el amarillo lo inundara todo. Me anoto tener más cojones, y te lanzo de paso el guante al futuro.
Hoy te he mirado a los ojos como no hacía desde hace meses, y he visto una mezcla de cosas que no me han gustado, pero te he visto en el fondo a ti. Y eso me ha encantado. Confío en que todo esto sea para bien, pero lo digo de verdad, no de trámite.
Nos veremos en los bares.
Le habló un arkángel agradecido.