Este textillo va orientado a los que tienen (y sobre todo, mantienen) su propio blog. De modo que, estimado solo-lector, ruego se abstenga de seguir leyendo hacia abajo.
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Sí, esto es lo que no tenías que seguir leyendo. Vengavale, ya que estás, sigue (pero no se lo digas a nadie).
Coñas aparte, el caso es que quería pararme hoy un poquillo a pensar sobre «eso» que hay en casi todos las bitácoras a la izquierda o a la derecha, una lista de enlaces que se suele denominar por su palabro en inglé: blogroll.
De este tema ya se ha hablado (y escrito) mucho. Por ejemplo, el año pasado en El Blogroll (I) y El Blogroll (II), un par de articulitos en los que en tono de humor le dan un repaso a este complicado asunto del yo – te – enlazo – quien – me – enlaza.
Yo, lejos de tener el conocimiento sobre la blogocosa que tienen por ejemplo los autores de los artículos que enlazo, me planteo una pregunta (y te la planteo a tí también): ¿A quién enlazo y por qué?
Para contestarme, voy a hacer el análisis al revés.
No enlazo todos los blogs que leo habitualmente (antes sí lo hacía), porque para eso me resulta mucho más cómodo un lector de feeds, como Bloglines (échale un vistazo si quieres a lo que tengo controlado por ahí).
No enlazo tampoco todos los blogs que, sin leer casi a diario (y por lo tanto, no tenerlos agregados), me parecen interesantes, porque de estos hay muchos (casi todos tenemos nuestro momento de lucidez a veces, la lista sería interminable).
Ya nos vamos acercando…
Parece que enlazo por una parte a los conocidos (y no a todos). O sea, al subconjunto de conocidos (personalmente o por haber seguido su blogdurante un tiempo) que tienen weblog, y que dicen a menudo cosas que yo mismo podría decir en algún momento. Lo pongo en cursiva porque una cosa es que las pudiera decir y otra bien distinta es que tenga los conocimientos o los huevos necesarios para hacerlo.
Además, soy de los que piensan que un blogroll no debe tener más de 10 – 15 enlaces porque entonces deja de tener ese sentido de «yo lo enlazo, comparto en su mayoría lo que allí se dice, lo apoyo y participo». Veo por ahí listas de decenas de enlaces que, evidentemente, no pueden cumplir esta función, sino la de tener a mano direcciones que a uno le resultan interesantes. Pero para eso, insisto, yo creo que están mejor los bookmarks o los agregadores. Por esta razón gente tan cercana a mi como parte de nosoloredes.com, por ejemplo, estuvo fuera de mis enlaces durante un tiempo: en aquella ocasión fue por abandono, el blog estaba dormido y con pocas perspectivas de tirar para alante. Fuera, temporalmente. Recuerda, solo hay sitio para 15, y si tenía que entrar alguno, otro tendría que salir. Afortunadamente está dentro otra vez ;-)
Por otra parte, y aunque las listas, las clasificaciones de blogs tengan una importancia muy relativa, me parece interesante esta nota que pone la gente de bitácoras.com en su top500:
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Utilízala para bien, puede ayudarte a encontrar nuevas bitácoras o dar la tuya a conocer a otros usuarios. No hagas de aparecer en ella algo fundamental en tu afición a las bitácoras, no lo es en absoluto.
Es cierto. Aparecer en esta lista, por ejemplo, sirve para que al gente te conozca. Esto no quiere decir que tú escribas mejor o peor (aunque algo influirá, claro), o que seas mejor persona por ello. Pero de alguna forma se tienen que hacer las listas (los directorios no sirven, a mi modo de ver, cuando hablamos de blogs). Y en este caso bitácoras.com usa el número de blogs que te enlazan para posicionarte. Es una forma de hacerlo. Es una forma inmediata, fácil, de valorar lo que te gusta y lo que no, aunque exige el «esfuerzo» del editor de cada blog, ese esfuerzo para tener en su lista solo aquellos que de verdad tienen que estar, según su criterio.
El blogroll es «importante», y si es pequeño puede (y debe) tomarse como un «mira aquí, yo doy fe de que vas a encontrar contenido interesante si te gusta lo que yo hago».
Y tu, ¿enlazas?
Le habló un arkángel tocando de puntillas temas «de mayores».