En la oficina, 13:20 h., acabo de zamparme media bolsa de patatas fritas Conchifrit, patatas fritas que todavía saben a patata, frita. Siempre que las pruebo me viene a la cabeza cuando estaban en unas antiguas instalaciones, donde comprabas las papas fritas casi recién salidas de la freidora (quizá poco higiénico, eso sí, porque veias incluso donde las freian).
Acto seguido, sed, mucha sed. Como debe ser si las papas fritas tienen su sal y sus cosas.
He echado mano a mi botellita de agua, y una voz ha resonado en mi cabeza. Era la voz de Psicobyte, llamándome por teléfono el lunes pasado: «… y oye, que me regueis el cactus, ¿eh?«.
Ya lo regué el miércoles, que me acordé,… Pero he mirado el cactus, que está el pobre más estropeao que la olla del café, y he pensao: «como no te busques testigos y tengas la mala pata de que el cactus se muera, este se te mosquea«.
Así que después de echarle su poquita de agua, he dicho en voz alta:
– ¡Eh! Que sois testigos de que he regao el cactus del Psico. – con esto debería ser suficiente, he pensao.
– Yo no he visto nada, yo solo he visto que has ido pallá detrás de su mesa, y ya está. – me responde Xanatos.
– Que cabrón. – le he contestao mientras cogía la cámara de fotos y pensaba «a-mi-blog-vas».
Le habló un arkángel pensando que este cactus aguanta más que un almirez metío en paja…