Posiblemente todos ustedes ya lo hagan a menudo y yo sea un cateto digital con todas las letras, pero el caso es que lo acabo de hacer por primera vez.
Comprando por internet.
Comprar una PDA en cualquier tienda electrónica, un GPS en Singapur, o un nombre de dominio en vete – tu – a – saber – donde tiene su cosa, es el primer paso, lo de perderle el miedo a dar tu número de tarjeta a un desconocido. Pero esto, si uno lo piensa un poco, realmente tampoco es tanta novedad (ni siquiera lo fue hace unos años, cuando empezó). Las ventas por catálogo son más antiguas que yo, al menos, y lo de las tarjetas ya lo tenemos superado desde el momento en qeu se la das a un camarero y desaparece para volver con un ticket que tienes que firmar.
Todo se basa en la confianza, primero de que el que te cobra no va a hacer algo chungo, y segundo en que llegado el caso podrías reclamar a tu banco, y él se pondría de tu parte. Vale que es mucho confiar, pero las cosas funcionan así. Y funcionan, oiga.
Comprando lechugas por internet.
Esto es otra historia. Es lo que Psicobyte (no lo enlazo, como hacen los periodistas serios ;-) ) siempre me decía: «comprar un libro o un cd, vale (y a ser posible contra reembolso), pero algo que tengas que tocar…». Tiene su lógica, sobre todo si piensas en la frutería de la esquina, pero el caso es que cada vez compramos menos en esa frutería. O al menos, hacemos la «compra gorda» en un hiper, o súper grande.
Es cómodo, ya saben: lo tienes todo a mano, en un mismo sitio puedes comprar el detergente, los congelados y hasta los condones (si los necesitas y te fías de marcas que se llaman «Family», pero esa es otra historia). Yo, por ejemplo, suelo ir al Mercadona para este menester. Mercadona tiene un par de ventajas: calidad media-alta, y precio razonable. Y una desventaja (que ahora mismo se va a convertir en su mejor baza): escaso surtido. Y si sumamos que somos animales de costumbres a esa poca variedad, si uno echa cuentas al final en todas las compras te llevas practicamente lo mismo.
Aquí entra internet. Mercadona tiene una página web con un apartado de compra on-line muy correcta. Sin alardes, pero extremadamente usable (para mi gusto, claro). Me ha encantado eso de poder guardar una Lista de la Compra (o varias), para rescatarlas cuando quieras. Está hecho con lógica, y es muy aplicable a la filosofía de la cadena (poca variedad y tal).
Alguno podrá decir que no hay fotos de los artículos (no, no las hay), ¡pero es que no las necesitas! Si siempre compras lo mismo, ya lo hemos dicho.
¿No me engañarán?
De nuevo, volvemos al tema de la confianza. La confianza en que los de Mercadona quieren que su «canal internet» funcione. Yo creo que sí… Se me ocurre que lo que no me van a traer es el yogur de más al fondo, el que caduca unos días después (técnica de guerrilla nº 3 para entornos hostiles), pero tampoco me preocupa.
Ya contaré si todo va bien (me lo traen el sábado por la mañana. Qué cosas, pensar que la primera aplicación telemática que yo vi era la de compras de El Corte Inglés, en un cacharro de esos de Ibertex, y han tenido que pasar 15 años para que haga uso de algo así… Lo que comentaba, todo estaba inventado hace mucho.
Ah, por cierto, lechugas no he comprado ninguna (si valen los canónigos…), pero la negrita quedaba mejor así. :P
Nota: Me dice Maiko en un comentario más abajo que no sea fullero, y diga que el servicio este de internet sale por 7 eypos y pico. Así es, y solo merece la pena, claro, si la compra es de las gordas. Vamos, que para comprar solo la lechuga, mucho mejor la frutería (que además estará más fresca y más buena, porque Mercadona, en lo que falla, es en las frutas y verduras).
Le habló un arkángel ciberamarujado.