Hace un tiempo (¡hace casi dos años!) decidí perder un par de horas en componer un pequeño flashecillo para compartir un librito que creció conmigo. Se llama La aventura formidable del hombrecillo indomable, y los que no lo conoceis, quizá deberíais echarle un ojo (son casi todo dibujos, que yo ya no leo mucho ;-) ).
Hoy han hecho un comentario en aquella entrada. Os lo pongo:
Hola,arkángel.
No es verano y, aunque tengo no una, sino varias esponjas, hace tiempo que no tengo un solo ejemplar a mano de este libro que traduje (y publiqué – yo era el director editorial de Altea) un buen mazo de años atrás. Mi hijo todavía se lo sabe de memoria, igual que alguna otra de mis traducciones para críos, y esa era la única forma que me quedaba de darle un repaso hasta que hoy, de paseo por la red, me lo he encontrado de sopetón y he podido pasar una a una todas sus páginas. Ya no hará falta que llame a mi hijo desde Londres, donde vivo, a Madrid para recordar aquellas aleluyas disparatadas por las que, por qué negarlo, siempre sentí un cariño tan desconcertante como ellas mismas.
¡Mil gracias por devolvérmelas!
¿No es bonito? Puedes suponer que cuando he empezado a leer el comentario de Miguel Azaola y se ha identificado he pensado algo como «joer,… voy a tener que quitar el libro, vaya», y me ha dado rabia, porque a veces recibo algún correo de gente que ha encontrado esa versión gracias a google, me lo agradecen, y me hace ilusión. Me gratifica poder ser útil con algo tan simple pero que alegra a alguien, aunque sea por un instante.
Al terminar de leer su comentario tenía una sonrisa en los labios, claro. Gracias, D. Miguel, por esas líneas.
Cuando se lo he comentado a Psicobyte me ha hecho ver que precisamente ese es uno de los grandes argumentos a favor del «compartir la cultura» (son palabras de Lawrence Lessig, fundador de Creative Commons). Es verdad, si este librito «tan insignificante» no hubiera sido compartido de esta forma, quizá podría «desaparecer». O quedarse dormido en estanterías, sin cumplir su verdadera función.
Le habló un arkángel que encuentra sentido a eso de escribir un blog en estas pequeñas cosas.