Mi abuelo le llamaba berbiquí, «quereis hacer el favor de no dar por culo con el puto trompo, que son las 4 de la tarde», nos dijo una vez un sevillano mientras echábamos una canaleta para los cablecillos de una oficina, algunos también pueden usarse como atornilladora,… En definitiva, un cacharro que sirve sobre todo para hacer agujeros en la pared.
Hay un antes y un después en la vida de todo hombre (permitidme que sea un pelín machista aquí, no me deis mucha caña): cuando te compras un taladro. La posesión de este instrumento te sitúa en otro estatus, ya eres de los-que-tienen-taladro, y no de los-que-piden-prestado-el-taladro. Salvando las distancias (hoy me estoy colando de más, me preparo para las reprimendas en los comentarios :P), es algo así como si ya te tuvieras la regla, pero en versión masculina.
Sí, también es un coñazo.
Porque las ventajas ser poseedor de un taladro son pocas. Se supone que la principal es que puedes usarlo cuando lo necesites, pero esto no responde a la realidad. Seamos serios: un taladro nunca está en la casa de su legítimo propietario, la mayor parte del tiempo está prestado… Así que te has gastado una pasta para estar en disposición de poder prestar un cacharro. Una cosa como muy altruista, sí. Todo muy bonito.
En fin, tampoco es tan importante. Si total, siempre se lo puedes pedir a algún amigo.
Le habló un arkángel que tenía un taladro ;)
