Jodida cuestión ésta.
Resulta que Fulanito Fernández, tecnofriki con cierto gusto artíhtico se compró una cámara digital hace ¿diez años? De aquellas que hacían peores fotos que los móviles de ahora. Parece ser que fue una de las muchas compras que hacía (ya saben, esos jóvenes con pasta que gastar), pero resulta que le gustó el inventó, y hacía fotos.
Con el tiempo, muchas fotos de por medio y algún cambio de cámara, parece que al muchacho no se le daba mal eso de pintar con luz (je). Al fin y al cabo si uno no es especialmente torpe y se dedica a algo, malo tiene que ser que no mejore. Además estaba la cuestión de su ego retroalimentado por algunas decenas de miles como él, procastinadores interneteros de esos que han hecho la revolución digital. No menosprecien el tiempo que se puede gastar a cambio de unos cuantos favoritos en Flickr…
El caso es que empezaba a hacer fotos medio decentes. No todas, claro, pero siempre hay perlas entre el barro. Posiblemente sea una cuestión más estadística que artística.
Diez años después, o sea, como hace un mes, le robó un potencial reportaje a un fotógrafo profesional. «Profesional» quiere decir que vive y bebe de hacer fotos, se entiende. Claro que no lo hizo con maldad: un amiguete se compromete con otro amiguete, que tiene un grupillo de rock, en hacer una cuantas fotos para preparar un book, y al final Fulanito resulta estar por medio.
Joder, y no lo hizo mal. Lo que si lo hizo es gratis (recuerden, esto es solo una afición para él).
Y aquí viene el problema, según lo veo yo. Ese reportaje se iba a hacer, ya que el grupo necesitaba esas fotos para promocionarse, porque quieren ganar dinero con el asunto. Y esto no es un caso puntual… Entre esa horda de revolucionarios digitales de más arriba, adictos al spotifai y los comentarios de las redes sociales, hay un 10% de Fulanitos Fernandeces (y Fernandezas, que además de vez en cuando enseñan una tetica y tiene incluso más feedback). Los ingresos del fotografillo «profesional» de turno empiezan a tambalearse.
En realidad nadie ha hecho nada malo en esta historia. Si acaso, el profesional que no ha sabido adaptarse a los tiempos, ¿verdad?
Menos mal que no han sacado bisturís quirúrjicos digitales…
Le habló un arkángel «fotógrafo» digital.