Carta abierta a las conductoras y pasajeras de scooters y demás motillillos varias.
Estimada señorita:
Entiendame bien cuando le diga más abajo que esto no puede continuar así, intentaré explicarlo con la mayor delicadeza posible, dentro de mis muy limitadas capacidades.
Yo ya casi ni la miraba, prácticamente no me daba cuenta de que su tanga, brasileña, o como demonios se llame esa tirilla de tela que usa usted para sujetar ese otro triangulito, asomaba por encima de su pantalón de cintura inexistente. «De cintura baja», creo que le llaman en la tienda donde lo compró. Lo conseguí luchando contra mis instintos más primarios, entendiendo que sus libertades están por encima de las mías en este aspecto.
Le rogaría que no dudara ni por un instante en que yo respeto su forma de vestir tanto como su derecho de ir en moto. De hecho, en este último punto le alabo el gusto, y en el anterior, bueno, en la mayoría de las ocasiones también. En ningún momento es mi intención coartar su libertad de expresión, su libre albedrío en el vestir; incluso cuando en un descuido le da a usted por enseñar algo más de lo que hace habitualmente, cuando me paro detrás suya en un semáforo por azares del destino. Sí, me refiero a… Me refiero a la hucha, si me permite la expresión.
Entiendo, no obstante, que por determinadas circunstancias pueda sentirse incómoda ante este tipo de miradas, que intento disimular, incluso evitar en la medida de lo que puedo. Le consta, eso sí, que jamás le he dirigido la palabra, ni para bueno ni para malo. Como decía, está usted en su derecho. Y cientos, que digo cientos, ¡miles! de granaínos (y granaínas) le agradecen su esplendidez (o parquedad, según se mire) en el vestir.
Lo que no comprendo, y llegamos al verdadero motivo de esta carta, es su costumbre de tirar de su camiseta hacia abajo al llegar a cada semáforo. Es precísamente ese movimiento casi estereotípico el que saca el voyeur que llevo dentro. ¿No se da usted cuenta de lo inútil de su gesto? Si lo que pretende es poner su, ¿como la llamé antes?, su hucha a recaudo de miradas indiscretas, dese por enterada por la presente de que no lo consigue en un alto porcentaje de ocasiones. Es más, el efecto es totalmente contrario a lo que da la impresión que persigue.
Por lo tanto, le aconsejo que luzca usted con desparpajo lo que la moda o su gusto ha puesto al descubierto. Bien llevado, como le comentaba, puede alegrar el día a más de una persona (quizá a usted la primera), ¡no sea egoista, compartalo con todos! O bien tome esta carta como un aviso de un desconocido amigo, y compre pantalones con cintura. Si a pesar de todo su decisión es persistir en dicha actitud, en ese doble juego, sepa usted que esto no nos lleva a ninguna parte.
Sin más, se despide alguien que lleva chaqueta cuando va en moto hasta en los días de más calor de esta Graná nuestra, que no son pocos, como sabe. Otro día le comentaré acerca de los peligros relativos relacionados con la dureza y textura del asfalto que entraña su vestimenta. Pero eso será otro día.
Le habló un arkángel, muy atentamente.