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Descubrimientos Mis Paranoias

Scotty

Lo que empezó con una declaración interior de intenciones, aquello de ir en bici al curre con una bici de montaña baratuna comprada de capricho, está arraigando en mí y se está transformando, de algún modo, en una parte de mi estilo de vida. Cuando le digo a algunos que “normalmente voy en bici, salvo cuando voy a tener jaleo, o llueve, que voy en moto” me miran raro.

Pero me parece bastante definitorio de lo que viene significando la bici para mí en los últimos años. No la veo como deporte (algún experimento he hecho, no me termina de convencer), sino como transporte “slow”, una manera diferente de moverte por al ciudad disfrutando del camino: una sensación muy parecida a la que tuve hace unos diez años cuando el coche en mi vida pasó a ser fundamentalmente una herramienta de trabajo, comencé a disfrutar de las dos ruedas (si tienes cuatro, ya sabes que te sobran dos), y que cobró incluso más fuerza cuando Triumph entró en el juego.

La historia se repite, con muchos menos caballos (ahora, solo un borrico de propulsión trasera ;-) ). Hace unos días me compré una bicicletilla nueva-de-segunda-mano-barata, y estoy como… un niño con bicicleta nueva.

¡No he olvidado a la Corbetta! La fuerza que ejerce esa bici sobre mi trasciende lo razonable, es complicado de explicar. Pero ha llegado un momento en el que el cuerpo me pedía otra cosa, una evoución. No se estar con lo mismo demasiado tiempo.

Es una Scott antigua -Scotty-, una de esas bicis que yo catalogaba como “de pijos” (ya saben , no hace falta más para ir en bici, no hace falta aluminio ni cambios Ultegra, niná). Pero no me considero un globero (sobre todo, porque lo mío es el transporte, no el deporte). Y estamos conociendonos.

Beam me up, Scotty!

Le habló un arkangel serendipítico.

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Mis Paranoias

ElSurVencerá

Momenticos tontos recordando cuando teníamos ganas de hacer cosas, para poder hacer más ahora.

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RecuerdosHeredados

El de la Corbetta decidió un día dejarlo todo para perderse una temporada montando escenarios de Miguel Ríos. Seguramente no estaba pasando un buen momento, a pesar de ser un hombre-de-éxito: bombero, guapetón, con una mujer preciosa, y todo por delante. Tomó decisiones jodidas y le costaron caras (que lo sé yo), pero las tomó. Yo no he tenido sus huevos en mi puñetera vida, y estoy a punto de superarlo en años.

En honor a la verdad, casi todo esto lo se por referencias, entresacadas de recuerdos de Lúa en la piscina de un hotel que hoy día es un club de carretera (teniamos ambos como 6 años, no piensen mal), de conversaciones demasiado lejanas, de algún encuentro familiar con vino blanco, y de lo que he podido rascar leyendo alguna dedicatoria en alguna revista. De la imaginación exagerada, fundamentalmente.

Les estoy contando esto con cierta erección capilar, y lágrimas en los ojos. No les pido que me crean, desde luego. Pero estaba escuchando el blues del autobús y me ha apetecido soltar un poco.

A veces me siento un  poco fuera de lugar, como si no estuviera cumpliendo con  lo-que-me-tocaba-hacer. Una vez, mi padre me dijo: “Alillo, si decides ser barrendero, barre como si no hubiera mañana”. Y a veces siento que fallo, que soy demasiado conservador. Que miro demasiado a dentro de tres días.

La memoria genética /individual/ no existe en el sentido atávico-literario que yo la siento, ya lo sé. En la psicología “de verdad” se llama “traumas”, o algo así: maneras de echarle la culpa a otro de lo que uno mismo no es capaz de Ser. A pesar de todo, no deja de ser motivador, siempre que seas consciente de lo parcial de todo este argumento. Cuando te sientas más libre es cuando más jodido estás.

No les cuentes tus penas a tus amigos, que los divierta su puta madre.

Nueva ola…

Le habló un arkangel sintiendo el neón de color rosa en las venas.

 

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Granada Mis Paranoias

LaCorbetta

Esto va por él, nadie puede entenderlo (por si acaso el torrente de señales eléctromagnéticas tiene conexión con el pasado):

“Como tú, necesito soles que giren para alumbrarme”Somos Levedad

Le habló un arkangel bicicletero.

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Granada Mijitillas de realidad Mis Paranoias

LaPoya

Acabo de tener una de esas sensaciones tan parecidas a descubrir la rueda tal que me ha hecho darle al botón de recuperar contraseña de este sitio donde alguno, por mor de los RSS y/o redes sociales que algún día consideré suficientemente perdurables como para prestar atención, me leerá.

Para ellos, o para mi Yo-del-Futuro, que en estos últimos días meses es mi principal lector no paracaidista, va mi gran-descubrimiento de hoy. La poya de los granaínos. Y sí, se ve que los de por aquí tenemos tan presente la polla, que casi no le damos importancia al por qué, a su origen, a qué es esa poya que tenemos tó el día en la boca.

Bueno, algunos recopilábamos diccionarios allá por el 2004 que la incluían repetidas veces; otros mucho más ilustres y versados en el tema (de la escritura, vayamos a poyas) incluso han escrito libros enteros, como D. Andrés Cárdenas. Pero quizá todos estábamos equivocados…

La grafía es el quid.

Suelo ser, aún hoy con WhatsApps y móviles de por medio, bastante talibán en cuanto a la ortografía. Pero los homónimos siempre son un reto, y creo que esta vez me tenían engañado durante… Años. Cuando digo talibán, digo polla, que es lo que yo escribía hasta hoy, maldiciendo (solo un poquito) a aquellos que me mandaban esos mensajes llenos de poyas: que si “esto es una poya”, “pues vaya poya de película”, “vayamos a poyas”… Hoy, micro-epifanía mediante, estoy en disposición de afirmar que estaba equivocado: una polla es una polla, pero estoy casi totalmente convencido de que los granaínos no nos referimos a un pene cuando le decimos a alguien que algo nos importa una poya.

Como casi siempre, todo ha venido DRAE mediante:

poya.
(De poyar).
1. f. Derecho que se pagaba en pan o en dinero, en el horno común.
2. f. Residuo formado por las gárgolas del lino, después de machacadas y separadas de la simiente.

Ambas acepciones me han valido, me han abierto los ojos… Si analizamos la primera con un poquito de historia de por medio encontramos usos que nos pueden parecer ahora simpáticos, como el pan de poya, pero que al final vienen a decirnos que era una mihilla de pan que se entregaba al panadero a cambio de que te dejara usar su horno. ¡Pero tampoco mucho, que al final el buen hombre no había hecho casi ! Le dabas,… una mititilla de lo que habías hecho. Una poya de pan, vamos.

El segundo significado viene a refrendar el primero, pero sin tener que darle tanta vuelta a la explciación: “Residuo formado por…”, no hay más que hablar, algo insignificante, sin importancia, de lo que se puede prescindir.

¿Y ahora?

Volvamos a observar algunas de las expresiones que yo antes escribía con elle y desde ahora con y -griega, que esa es otra-, como son las mencionadas “esto es una poya”, “pues vaya poya de película”, “vayamos a poyas”¿De verdad se puede seguir pensando que el granaíno se está refiriendo a un pene cuando habla de algo tan tremendamente enterrado en nuestra historia y costumbres como es la poya? Yo creo que no.

Además, creo que ustedes tienen la mente sucia, por haberlo pensado. Vale, yo también, ya hemos salido todos del error (pero yo un poco antes, ya saben).

¡Menudo gilipoyas!

(del caló jilí, ‘tonto’, y poya, ‘residuo’, ‘nimiedad’, pero en esta ocasión probablemente mal empleado el término)

Sí, pero ahora me fustigo un poco, y así me redimo. Comenzaba estas líneas aludiendo al redescubrimiento de la rueda, porque efectivamente todo este peñazo que les he soltado ha salido tal como lo han leido, de unas cuantas consultas de diccionario y una cabeza algo desatendida (más una conversación de 15 segundos con mi pareja, en la cocina, justo antes de ponerme a escribir). Pero mientras elaboraba mis argumentos y me documentaba he hecho lo peor que el descubridor puede hacer: buscar si alguien lo había hecho antes. Y sí, hay referencias a esta línea argumental (quizá algo menos elaboradas) al menos en dos sitios (no he querido seguir mirando para no desanimarme tanto como para no escribir la entrada): [1] [2].

Le habló un arkangel confiando en que no lo juzguen demasiado duro.

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Ping!

¡Eh!, sigo vivo…

Le habló un arkángel que había olvidado escribir.