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Fahrenheit

Vengo a hablar del juego de Atari, no de la novela ni de la película. Un juego que no tiene nada que ver con las dos obras anteriores, por cierto, y sí más con cierta trilogía de cuyo nombre no quiero acordarme como conjunto de las tres pelis… Me callo para no spoilear más.

FahrenheitLlego tarde, ya lo se, pero que le vamos a hacer si me compré la PS2 (acabo de ver que está para PC y XBox también) cuando ya se anunciaba la 3… Pero la tarde de ayer se la dediqué al jueguecito este y me dejó tan buen sabor de boca que decidí hacer un pequeño comentario por si alguno de los jugones habituales (o no tanto) de este blog no lo conocía. Se trata de una especie de aventura gráfica que no pretende serlo, teniendo unas aspiraciones más altas: una película interactiva.

Realmente lo consigue en determinados momentos esta especie de thriller de asesinos y policías con fondo sobrenatural. Quizá lo más curioso del asunto es que, al dirigir en distintas secuencias a todos los «actores principales» (virtuales, pero bastante logrados), te toca ser el que empuña el cuchillo un momento dado para pasar a buscar huellas en el mismo mango en la secuencia siguiente. Curioso. Sobre todo para esos momentos en los que estás viendo la peli y piensas ¿pero que leches hace ese tío? Aquí decides tú (y te equivocas también tú).

Carla (Fahrenheit)El modo de juego durante la mayor parte del tiempo recuerda a un Alone in the Dark o similar, con sus problemas de cámaras heredados a lo largo de la historia incluidos, pero bastante mejorados, claro. Pero lo mejor (o peor, según gustos) es la forma de resolver los momentos de tensión: ya se trate de una pelea, un partido de baloncesto, o la concentración necesaria para permanecer en trance durante una sesión de espiritismo, todo consiste en ir moviendo los champiñones del mando de la Play en las direcciones que marcan dos círculos con con colores a lo Simon. El caso es que consigue mantenerte nervioso durante esos momentos de concentración, aunque quizá para las peleas se echa de menos algo «más real»… Todo esto acompañado de una banda sonora más que coordinada precísamente en esos momentos.

Tampoco es que sea el primer juego que pretende construir una aventura distinta en cada partida. Me viene a la cabeza ahora mismo el Blade Runner para PC, aquel de 2 o 3 cd’s que en su día también me gustó bastante (claro que aquí el argumento ya de por sí era todo lo bueno y todo lo malo). Y claro está, lo consigue (igual que aquél) solo a medias, todo lo que puede hacerlo hoy por hoy un juego contenido en un DVD en lugar de la Internet, y con otros jugadores como «secundarios». Pero es jugable bastante entretenido de ver e interactuar, y con un concepto distinto a lo que se ve normalmente, algo que se agradece.

Y sale alguna que otra teta. O al menos, se intuye.

Le habló un arkángel gratamente sorprendido

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Descubrimientos Juegando

KatamariDamacy

Katamari Damacy¡Absurdo!

¡Surrealista!

¡Japonés!

¡Katamari Damacy!

Anoche me lo terminé (nanaaaaa, nananana, na na, naná nanananaaaaaaa). Y creo que he perdido algo de lucidez desde entonces. Katamari Damacy (sitio oficial) es un juego para Playstation 2 (PS2, para las búsquedas) creado por una mente enferma, de esas que hacen que los juegos de consola tengan sentido más allá de matar-matar y cogertesoro-cogertesoro.

El argumento es ¿simple?: eres el príncipe del universo, una criaturilla de unos 5 cm. de altura, y tu padre, que es el rey (y la reina) de todo el Universo en un mal día se cargó todas las estrellas, por diversión. Y te toca a ti reconstruirlas.

¿Como? Pues haciendo rodar tu katamari, una bolita a la que todo lo que es ligeramente más pequeño que ella se adhiere, para hacerla crecer, crecer, crecer, crecer, CRECER.

Aquí tienes la intro, con la puñetera canción pegadiza que terminarás tarareando si juegas este puñetero juego:

Y acabo de ver que hay una segunda parte, WeKatamari (análisis en Meristation). En este momento lo necesito tanto, tanto como no te puedes imaginar.

Le habló un arkángel, nanaaaaa, nananana, na na, naná nanananaaaaaaa.