Agosto 2016

NoEsPorDeporte

NoEsPorDeporte

Colaboro desde hace algunos años en la revista cultural de mi pueblo, Huétor Vega Gráfico. Empecé tiernamente (como todo en la vida), /engañado/ :) por algún hermano mayor en las artes de las letras, pero el caso es que le he cogido cierto gustillo, y asisto con mucho agrado a esas dos o tres reuniones anuales. Participar activamente en algo, por pequeña que sea la aportación, te hace sentir bien (anímense: publiquen, colaboren, implíquense… Compartan su pequeña cuota de conocimiento).

El caso es que me he dado cuenta de que no estaba copiando todo esto por aquí para mi registro personal, y voy a empezar con éste artículo que acaba de publicarse en verano de 2016, en el que cuento mi experiencia personal con la bicicleta como transporte (y algo más).

[PDF] Otra visión de la bicicleta: No es por deporte, es por transporte.

El artículo completo:


Otra visión de la bicicleta: no es por deporte, es por transporte

Desde hace unos 4 o 5 años tengo la suerte de ir y volver al trabajo en bici. Al principio, la cosa empezó como un experimento, supongo que curioso por la experiencia de un compañero (muy ciclista, éste sí de los que se suben a la Sierra en cuanto tienen un rato libre).

Poco a poco he ido cogiendo afición a las dos ruedas silenciosas (también voy en moto a veces, pero esa es otra historia). Tanto, que no es raro que baje la bici a la calle para ir a por el pan a 100 metros, o para tomar algo en un bar del centro con unos amigos. ¿Por qué? Vamos a intentar desgranarlo.

Las ventajas

Recuerdo cuando iba en coche a trabajar. Especialmente cuando no encontraba aparcamiento, como otro centenar de personas cada uno en su propia caja de 4×2, y todos nos íbamos poniendo nerviosos. Recuerdo discusiones y muy malas caras al otro lado de ventanillas,… No se que sucede, pero me da la sensación de que nos deshumanizamos un poco cuando no vemos a personas, sino a máquinas, y una cosa lleva a la otra.

Cuando voy en bici (como transporte), tranquilo y sin prisas porque sé casi exactamente lo que voy a tardar en llegar, mi cabeza se sitúa en otro estado completamente distinto. Un estado mental mucho más orientado a la observación del entorno, de las caras de los peatones, de los cambios que se van produciendo a lo largo de las estaciones del año en la ciudad. Aparece entonces una situación que de algún modo se coloca más cerca de la conciencia plena (smṛti, en sánscrito, para el que quiera profundizar en este aspecto más espiritual relacionado con el budismo zen). Incluso aparecen espacios para la introspección, para repasar mentalmente el día (lo que viene, o lo que fue), lo que convierte un tiempo-perdido (el desplazamiento en coche o bus) en el-mejor-momento-del-día.

Así es. Mis lunes por la mañana son “alegría porque voy a coger la bici para ir a trabajar”. Me resulta curioso hasta a mí, no crean…

También hay un aspecto más terrenal: al final del día casi sin darse cuenta uno ha hecho 20 km. de bici sin un gran esfuerzo (4 desplazamientos de 5 km., que no son nada). ¡Estaremos de acuerdo en que será mejor hacerlos que no hacerlos! En mi caso particular, paso muchas horas sentado delante de un ordenador y hasta hace 5 años todo el deporte que hacía estaba relacionado con el levantamiento de barra, alguna pachanga de baloncesto con los amigos, y poco más. No digo que ahora sea un gran deportista, que no lo soy, pero lo cierto es que me da muchísima menos pereza realizar cualquier actividad física, se ve que mi cuerpo se ha acostumbrado a moverse un poquito.

Los inconvenientes

Contrariamente a la primera sensación que nos puede venir a la cabeza, Granada capital no tiene tantas cuestas cuando uno se fija. Incluso desplazamientos desde algún pueblo del cinturón metropolitano, como es el caso de Huétor, pueden tener un desnivel de no más de 30 metros. Pero está claro que las cuestas pueden ser un problema si uno vive en Los Rebites, por ejemplo; para eso hoy día hay una solución muy buena y que resulta casi igual de económica: un motorcillo eléctrico casi no se nota, y permite seguir disfrutando de la bici en nuestros trayectos diarios sin llegar a sudar.

Porque se trata de eso, de no sudar… Hay que tener en cuenta que uno va a trabajar, no a correr una etapa de la Vuelta a España. Por uno mismo, y por los compañeros, no es agradable ver camisas sudadas durante todo el día. Pero, en la práctica, esta situación se produce poco más de dos meses al año, y se resuelve de la mejor manera posible (como puede ser una camisetilla y un poco de aseo y cambio al llegar a la oficina). Nada grave, a poco que se ponga imaginación.

De hecho, la mayor barrera para el uso de la bicicleta como medio de transporte diario no tiene nada que ver con la capacidad física, las condiciones climatológicas, u otros factores limitantes… El mayor problema está en uno mismo, en la autoconfianza, en miedos que nos pueden llevar a generar situaciones de peligro para nosotros mismos y otras personas con las que compartimos nuestras rutas. Justamente lo que vamos a tratar a continuación.

La convivencia

Salvando a algunos “modernos” (la bici ya no es moderna como medio de transporte, lo siento por el que quiera considerarse distinto por usarla) que van en segway, monopatín, o cacharritos de esos de una sola rueda, lo que podemos ver en una ciudad Como Granada a diario son: autobuses, taxis, coches particulares, motos, amotillos, peatones y bicis. Y suele pasar, yo a veces me fijo, que los autobuseros se enfadan con los peatones, estos con las bicis y con las amotillos, los taxis con todos, las motos aceleran, y los coches particulares están por todos lados buscando aparcamiento. Estar en mitad del tráfico puede ser una situación muy estresante, sí.

Pero, si damos por hecho que todos tenemos el mismo derecho (o necesidad) de desplazarnos, ¿qué hacemos? Si la calle fuera solo para uno mismo no habría problema, claro… Yo, que he conducido coche, amotillo, moto, bici, y a veces voy andando, tengo una solución particular: sonreir. Suponer que el de enfrente no está ahí para hacernos la vida imposible, sino que tiene sus propias preocupaciones, sus despistes, y que, por regla general, no tiene un especial interés en provocar un accidente que pueda resultar mortal para nosotros. ¡No me queda otra! Si no, me iría al monte sin dudarlo…

Pienso que mis vecinos son personas como yo, personales normales, e intento facilitarles mínimamente la vida (esperando, eso sí, algo parecido a la inversa). Generalmente no me enfado (salvo maldad evidente) si un peatón me cruza en Reyes Católicos por mitad de la calle sin haber siquiera mirado hacia donde venía. Intento hacer ver a un coche con gestos amables que mi velocidad de incorporación a una rotonda es limitada y él debería comprenderlo. También me espero cuando “las normas dicen que llevo razón”, pero la lógica y el sentido común me gritan que mejor dejar pasar a ese que no me ha visto. Parece razonable no provocar un accidente por “llevar razón”.

Ya, ya sé que esto suena demasiado a buenismo. No siempre lo consigo… Si nos pinchan, ¿acaso no sangramos? Si nos hacen cosquillas, ¿acaso no reímos? Pero es mi meta, miro hacia ese lado. Quizá otros vayan justo al contrario, quizá me guste más lo mío, y sea más fácil llegar a ello persiguiéndolo, que no.

Creo que tiene bastante que ver con los mecanismos de autoprotección frente a los coches que desarrollé cuando iba en moto (mucho menos indefenso que en bici, pero también). Los moteros (de verdad) suelen ser bastante respetuosos…

Pero, disculpad, que me desvío del tema: ¿No parece razonable pensar que con actitudes de este tipo la convivencia se resuelve casi sola? Sí, las normas están ahí para cumplirlas (muchas veces nos recriminan algunos semáforos) pero,… Si yo voy con mi moto, tengo un semáforo en verde, y una señora mayor no ha tenido tiempo de terminar de cruzar, ¿qué tendría que hacer? Pues lo mismo, pero pensando en más grande. No es tan difícil, ni se pierde tanto tiempo, ni en realidad somos tan perfectos (yo no, desde luego) como para ir afeando la conducta a los demás así como así.

El futuro

A poco que viaje uno por ahí, por Europa fundamentalmente, se observa que esto ya está bastante inventado. Me da a mí que la normativa, vía Comisión Europea, vendrá llegando ya depurada por la gran experiencia de los Países Bajos, Alemania, Austria…

Habrá cosas que nos sorprenderán mucho al principio (los cambios son así, y estamos inmersos en uno): en París, Bruselas y otras grandes ciudades los semáforos en rojo se convierten en “cedas” si el ciclista va a la derecha. ¡¡¿Cómo?!! Pues sí… Parece ser que (bien usada) esta medida agiliza el tráfico (reduce cabreos de los vehículos a motor al no poder acelerar por tener una bici delante al cambiar a verde), y reduce accidentes. Ojo, que un ceda no es “hago lo que me da la gana” (como solemos hacer a veces por desconocimiento muchos en coche o bici).

En Viena, o en Berlín, la bicicleta tiene ya su espacio natural, nadie la ve como enemiga (o esa ha sido mi percepción cuando he estado de visita, como peatón). De hecho, algunos peatones te ayudan a comprender que ellas tienen preferencia, y te señalan el por qué (en alemán, eso sí).

Personalmente, confío en que esta (nueva) ola que ha venido para quedarse, que ya es mucho más que “una moda” por lo que se comienza a ver, no necesite de demasiadas imposiciones legales (que las habrá, porque no somos tan cívicos y buenos vecinos como sería deseable). La experiencia del transporte en bicicleta es un momento de relajación en el día a día: lo que os deseo a todos es que os déis la oportunidad de participar de esos pequeños instantes de felicidad en una sana convivencia.


Le habló un arkángel taoísticozen.

 

Sobre el autor

Durante mucho tiempo desde que comencé este blog allá por 2003 intenté mantener separado mi alter ego de mi mismidad.

Sobre la persona

A día de hoy, me resulta casi imposible separar, lo virtual se mezcla íntimamente con el Mundo Real TM, para lo bueno y lo malo:

Mi nombre es Ángel Moreno y pierdo el sueño por SI2 Soluciones.

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¡blog zombie!

Buuhhh... Este es un blog zombie, o vampiro, o algo así. Quiero decir, que está no-muerto. Sí, parece cadáver total, pero de vez en cuando su autor vuelve para soltar alguna diarrea mental.